SukaSuka – Volumen 1 – Capitulo 3 – Parte 5

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Parte 5: La fuerte mujer mecánica

El enorme rostro de un Reptrace apareció a través del cristal de comunicación.

“La profecía permanece. La presa atacará en la tierra previamente marcada. Debemos darnos prisa; liberar a los halcones y afilar las puntas de flecha.”

Él hablo con la extraña y difícil de entender pronunciación característica de los Reptrace. Para alguien que no esté acostumbrado sería difícil entender el mensaje, el cual, luego de ser traducido a un lenguaje más simple, sería algo así:

“No ha habido cambios en la predicción. El ataque será llevado a cabo en el previamente anticipado lugar y tiempo. Debemos apresurarnos a preparar el campo de batalla y nuestras armas.”

“… ah, lo tengo. O, en realidad, ya lo sabía,” respondió Nygglatho, tratando de suprimir la hirviente ira dentro de su cabeza. Si los movimientos del enemigo iban de acuerdo al plan, eso significaba que los de ella también lo harían. ¡¿No puedes buscar la forma de hacer esto sin usar esas ‘puntas de flecha’?! Su boca se sentía como que se movería por su cuenta y gritaría eso si ella bajaba la guardia aunque fuera un poco.

Así que Nygglatho encerró todas sus emociones en su interior y, en una esquina de su cerebro, creó un nuevo yo. Uno que pudiera siempre elegir la mejor opción sin dudar y actuar sin ser influenciada por sus emociones. Un yo mecánico al que pudiera forzar a hacer todo el dialogo.

“En tres días desde ahora, a la hora ocho, despacharé a tres de las cinco actuales usuarios de Armas Excavadas al distrito del puerto, completamente armadas.”

¡¿Ustedes son soldados verdad?! ¡Presentarse ahí fuera en las líneas del frente preparados para su muerte es su trabajo, ¿verdad?! ¡¿Por qué nuestras chicas siempre son los únicos sacrificios?!

“Una de las tres, el hada soldado Chtholly Nota Seniorious, abrirá la puerta a la tierra de las hadas durante la misión.”

¡No creo que estés dándolo todo! ¡No lo aceptaré! ¡Pelea más duro! ¡Busca otra forma de pelear! ¡Salva a nuestras niñas!

“Las otras dos, hadas soldado Ithea Myse Valgulious y Nephren Ruq Insania, serán puestas como reserva. Si la batalla no se resuelve después de que Seniorious abra la puerta, ellas actuarán armadas con Armas Excavadas a discreción de aquellos presentes en la escena.”

Ellas aún no saben lo que es estar enamoradas. Nunca han conocido la verdadera felicidad. Entonces, ¿por qué… por qué deben irse tan pronto?

“Las anteriormente mencionadas ‘puntas de flecha’ serán suministradas a la Guardia Alada por el 4º Almacén de la Compañía de Comercio Orlandri.”

… ¿por qué no podemos tomar su lugar?

Pero Nygglatho ya sabía la respuesta a eso. Las hadas completamente desarrolladas tenían la capacidad de ejercer un poder inmenso. Así que por supuesto, los superiores del ejército sabían las ventajas de usarlas como sacrificios en batalla. Sin dejarse llevar por las emociones como ella, ellos probablemente entendían la necesidad mucho mejor.

Sin embargo, la naturaleza sacrificable de las armas significaba que ellos tenían que estar preparados para sufrir pérdidas constantes para siquiera tener una oportunidad de victoria. Aun así, nada podría reemplazar a las hadas. Cualquier otra cosa sería como arrojar un vaso de agua a un furioso infierno amenazando tragar una isla entera. Aunque Nygglatho era temida por los locales como un Troll, al final ella era solo eso: un simple Troll. Ella no podría proteger ni una solo cosa que quisiera proteger o tomar ni una sola cosa que quisiera tomar. Nygglatho lo sabía. Lo sabía muy bien.

Con un chasquido, la transmisión que venía a través del cristal de comunicación fue cortada. Y con eso, las emociones embotelladas dentro de ella explotaron.

“¡¡¡Agghhhh!!!” Nygglatho aulló en agonía. “¡¿Por qué?! ¡¡¿Por qué, por qué, por qué?!!” Mirando hacia el techo, ella simplemente gritó en frustración.

¿Ese yo mecánico que había creado en la esquina de su cerebro? Ella tiró esa cosa asquerosa a la basura y la hizo pedazos.

“Por qué… por qué…”

La corriente de emociones comenzó a secarse, y sus gritos se transformaron en suaves sollozos. Grandes lágrimas inundaron sus ojos antes de caer sobre sus rodillas, manchando su falda.

Nygglatho había decidido ser una mujer fuerte. Una en la que las chicas pudieran contar como apoyo. Una que pudiera ser como la madre que esas chicas nunca tuvieron. O, al menos, una que pudiera actuar de esa forma.

Ese día, ella lo juró. No importa lo que pase, ella no debe llorar. Las chicas eran las únicas que realmente tenían que llorar, las únicas que de verdad sentían miedo. Así que Nygglatho tenía que estar ahí para detener esas lágrimas. No importa cuán frustrada se sintiera o cuanto tuviera que suprimir sus sentimientos, ella tenía que ser capaz de apoyar a las chicas con una sonrisa.

Fui una idiota… ¿cómo podría hacer eso? ¿Cómo podría detener sus lágrimas si ni siquiera puedo detener las mías?

El fracaso de mujer fuerte lloró como un bebé. No había nadie ahí para consolarla. Nadie detendría sus lágrimas. Así que ella lloró, y lloró, y lloró, sin final a la vista.

“¡Entrando! ¡Emergencia!”

“Nygglatho, ¿estás aquí?”

“¡G-G-Grandes problemas!”

Todo pasó demasiado rápido. La puerta se abrió con tal fuerza que ella pensó que se rompería, y tres pequeñas hadas irrumpieron en el cuarto. Afortunadamente, ella aún estaba sentada mirando al cristal de comunicación, así que solo su espalda era visible desde la puerta. Si pudiera detener sus lágrimas solo un poco, las niñas no la verían en este miserable estado.

“H-Hey, al menos toquen antes de entrar.” Ella las regañó tranquilamente mientras miraba a otro lado, tratando de ocultar el temblor de su voz.

“¡No hay tiempo para eso! ¡Es una emergencia!”

“¡Ven rápido! ¡Tenemos que darnos prisa!”

“¡Si no vamos ahora, en verdad podría morir!”

¿Morir? Oh… ¿están hablando de eso? Si hablaban de Chtholly, entonces por supuesto que Nygglatho ya lo sabía. Pero eso no sería hasta dentro de tres días. Chtholly, la mayor de las hadas, siempre intentó actuar madura, pero por dentro ella aún era una niña. Una niña malcriada que se negaba a actuar como una, y además…

“¡Willem parece como si fuera a morir!”

Silencio.

…¿huh? ¿Morir? ¿Willem? Una por una, las palabras alcanzaron su cerebro, el cual estaba entumecido por todo el llanto. Ella simplemente se sentó y procesó la información por unos segundos, entonces…

“¡¿Qué demonios pasó?!” Ella gritó, tomó un botiquín de primeros auxilios y corrió fuera del cuarto.


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