Yuusha ni Horobosareru – Volumen 1 – Capitulo 16

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Capitulo 16

Era, una oscuridad infinita.
No importa lo lejos que uno fuera, no tenía fin.
No importa cuánto uno esperara, no había amanecer.
Había un lugar, donde había luz.

Un trono que flotaba en la oscuridad – Solo ahí.
Un cumulo oscuro con la forma de una persona estaba sentado en ese trono.
Sus brillantes ojos rojos, aseguraban que no era solo oscuridad o algún tipo de sombra.
Por otra parte, no era como si esa fuera su verdadera forma.
Pero, no era como si tuviera una verdadera forma.

Se volvió así después de abdicar su derecho y responsabilidad de establecer su forma. Eso era todo.
Esa cosa que había abdicado incluso su nombre… era algo llamado “Dios Demonio”.

Dios Demonio.
La cima de todos los demonios.
El Creador de todos los demonios.
El enemigo de todo bien.
El enemigo de todo mal.
El tolerador de todo bien.
El tolerador de todo mal.
Aquel que afirma todas las contradicciones.
Aquel que trasciende todo lógica.

En este lugar donde incluso el pasado y el futuro se mezclan, el Dios Demonio bailó felizmente.

“Ahaha… ¡AHAHAH, HAHAHA!”

Un rostro sonriente apropiado para esa forma de niña.
Una dulce voz apropiada para esa forma de niña.
Se dio la vuelta.
*tan, tan* Caminó con pasos ligeros.

“¡El mejor, realmente es el mejor! ¡Eres el mejor, Vermudol!”

Envuelta en una dulzura que haría sonreír a cualquiera que la viera, y envuelta en una locura que haría que cualquiera que la viera se rompiera, el Dios Demonio bailó.

“¡No creí que desearas al Héroe! ¡Fufufu, eres un niño que hace lo absurdo!”

Siendo el Rey Demonio, Vermudol tenía el poder de crear Mazoku.
Sin embargo, la creación del Héroe sobrepasaba su esfera de acción.
El Héroe era algo fuera del camino natural de las cosas.
No nacía naturalmente, y siempre aparecería por algún tipo de razón o causa.
Sería ya sea algún tipo de mutación, o tal vez algún elemento de otro mundo.
Conteniendo el elemento de ser de otro mundo, solo Vermudol poseía la [llave].
Sin embargo, él no era capaz de crear al Héroe solo con eso.

“¡Increíble, increíble! ¡Pensar que movería mi corazón! ¡Reflexivamente le presté mi fuerza!”

Sonriendo.
Burlándose.
El Dios Demonio rió.
Los pasos del Dios Demonio resonaron en el espacio insonoro.

“Pero sabes, Vermudol. La estúpida Diosa de Remfilia, a diferencia de mí, no es amable, ¿sabes?”

El Dios Demonio bailó un baile que no tenía un principio o final definitivo.

“Fufufu… Ahh, qué divertido. ¿Me pregunto cuánto ha pasado desde que me divertí tanto?”

No había nadie para responder a esas palabras.
Todo perdía su significado en este espacio.
Dentro de esa infinita oscuridad.
El Dios Demonio, miró a un lugar que no estaba ahí.
Era un lugar que no estaba aquí.
Era un tiempo que no era ahora.
Lo que esos ojos percibieron, fue un hombre joven que vivió en el mundo al que Vermudol alguna vez perteneció– Oozora Yuuki.

En un lugar deslumbrante, Oozora Yuuki abrió sus ojos.
Recordó haberse lanzado frente a un camión intentando salvar a una chica.
Sus recuerdos después de eso no eran definitivos, pero se sintió aliviado ya que parecía estar vivo.

“No, ya has muerto.”

Lo que le dijo eso a Yuuki fue una misteriosa voz que aliviaría a todos los que la escucharan.
Tal vez fue por eso.
Yuuki aceptó el hecho de que había muerto sin ninguna inconformidad.

“Ya veo… entonces he, muerto.”
“Sí, sin embargo… El brillo de tu vida… Esa belleza, sé sobre ella.”

No fue una muerte sin sentido, es lo que la voz dijo.
La dueña de la voz gentilmente tocó la cabeza de Yuuki, que estaba sentado como si estuviera en clase de gimnasia.
Con un hermoso cabello dorado y ojos azules como el océano. Lo que cubría su magnífico cuerpo era un vestido plateado que emitía un resplandor de pureza. Una mujer que expresaba una sonrisa que parecía ser la encarnación de todo el amor en el mundo– Ella era la Diosa que cuidaba a Remfilia.
La Deidad Guardiana Philia.
La Diosa que era llamada de esa manera le hizo una propuesta a Yuuki.

“¿Te gustaría intentar vivir una nueva vida en este mundo?”

Ese era un contrato para la reencarnación.
Una ceremonia de protección por el bien del nacimiento de un nuevo Héroe en Remfilia.
La Diosa Philia asintió a la respuesta que salió de la boca de Yuuki.
Un lugar que no era aquí.
Un tiempo que no era ahora.
Sin darse cuenta en ningún momento que el Dios Demonio estaba espiando esa escena desde el mundo del pasado.

“Fufufu… ¡Hey, hey, Vermudol! Parece que el Héroe del lado humano está por nacer, ¿sabes? ¡¿Qué harás, me pregunto qué harás?!”

El Dios Demonio bailó.
Ella sabía que su voz no llegaría a Vermudol.
Sin embargo, ella no tenía intención de hacer que le llegara.
El Dios Demonio bailó.
Con una sonrisa como la de una niña ansiosa por la continuación de un libro ilustrado.

“Ah, espera un segundo.”

Repentinamente, el Dios Demonio dejó de bailar.
Puso su dedo índice en su barbilla, y mostró un encantador comportamiento pensativo.

“Ahora que lo pienso, no debería haber nada que buscar para él en el Continente Oscuro…”

Diciendo *U~n*, el Dios Demonio parecía estar preocupada por algo.
Es porque no hacía nada aparte de asistir con el asunto del Héroe… fue lo que murmuró.

“Bueno, como sea. Esto valdrá la pena verlo.”

Cuando dijo eso y se convenció a sí misma, el Dios Demonio chasqueó los dedos.
En cuanto a lo que pasó por eso, solo el Dios Demonio lo sabe.


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