SukaSuka – Volumen 3 – Capitulo 5

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Capitulo 5: Un sueño ahora distante – B

Hace mucho tiempo, cuando una cierta joven acababa de ‘nacer’.

En lo profundo de un oscuro bosque en la periferia de la 94º Isla Flotante.

La chica estaba llorando frente a un viejo monumento de piedra cubierto de musgo. Ella lloró y lloró con una voz fuerte que resonó a través del bosque. Ella se sentía triste. No estaba segura de por qué, pero fuera cual fuera la razón, un abrumador sentimiento de pérdida había brotado desde lo profundo de su pecho y se rehusaba a irse.

“¡¿Cómo es que llora tan fuerte?!” Un hada soldado, que recién había acabado una batalla en la zona cercana rió mientras cubría sus orejas.

“¡Ella debe estar cargando muchas emociones de su vida pasada!” Otra hada soldado, también cubriendo sus orejas, respondió.

Las dos intercambiaron miradas antes de acercarse a la niña. Se agacharon para quedar al nivel de los ojos de la chica, y hablaron en voces amables. “Buenas tardes. ¿Cómo estás?”

Waaaaahhh.

“… no está escuchando.”

“No lo está. En momentos como estos, solo tienes que hacer esto.” Una de las hadas soldado abrazó a la chica que lloraba. La chica, incapaz de respirar bien con su rostro enterrado en el pecho de otra persona, pronto dejó de llorar y, después de retorcerse por un momento, se calmó. “¿Ves? Justo así.”

“… ¿la mataste?”

“Solo está durmiendo. Escucha.”

Al escuchar atentamente, las dos hadas podían oír un tenue ronquido viniendo de la niña, el volumen del cual no podía siquiera compararse con su llanto de hace solo segundos. El viento sopló, meciendo suavemente los árboles del bosque.

“Bienvenida, pequeña, a este mundo apocalíptico, frenético y completamente insalvable.”

“No suena como una bienvenida muy agradable.”

“Está bien. Como las mayores, es nuestro deber y derecho decirle a los niños la dura realidad.”

“Vaya mayor eres…”

“Lo sé, soy genial.”

Mientras las dos discutían, vieron el rostro de la chica durmiente.

“Me pregunto qué clase de sueño está teniendo.” Una de las hadas pellizcó levemente la suave mejilla de la chica.

“¿Quién sabe? Eso es lo único que solo ella sabe.”

“Ah. Acaba de sonreír. Tal vez es un sueño feliz.”

“Eso sería bueno.”


Había pasado medio mes desde que las noticias del incidente en las Ruinas K96-MAL al Nivel del Suelo habían llegado al almacén de hadas. Hubo algunas que lloraron, algunas que pretendieron estar bien, algunas que estaban conmocionadas, algunas que estaban desconcertadas, y algunas que desaparecieron para cazar osos… Todas tomaron medio mes para hacer lo que tuvieran que hacer para lidiar con sus sentimientos.


“¡Agh!”

El sol se ocultó en el cielo sobre los campos del almacén de hadas, Tiat Siba Ignareo continuó corriendo por su cuenta.

“Presionarte demasiado no te ayudará para nada, ¿sabes?”

Ella no le prestó atención a Ithea, enfocándose únicamente en dar el siguiente paso. Balanceándose adelante y atrás frente al pecho de Tiat había un broche de plata, aun ligeramente grande para ella.

“Ella sí que está trabajando duro,” dijo Nygglatho mientras caminaba hacia ellas.

“Demasiado duro, creo,” respondió Ithea.

Cuando llegaron las noticias, Nygglatho había cortado su cabello. Para las pequeñas, que no dejaban de preguntar, ella solo respondió vagamente que quería un cambio. Ithea, por supuesto, sabía que era más que eso. Nygglatho había ido al distrito del puerto y liberado su cabello al viento, esparciendo las fibras cortadas hacia la superficie. En la antigua tradición Troll, que dos personas coman una parte del otro es una ceremonia que une sus corazones por toda la eternidad.

“Creo que ella aún tiene problemas para aceptar la muerte de Chtholly. Intenta desesperadamente acercarse más a Chtholly,” dijo Ithea.

“Me trae muchos recuerdos. Chtholly solía ser exactamente igual hace mucho tiempo,” dijo Nygglatho con una sonrisa. “Hubo alguien como una hermana mayor para ella, y cuando murió, Chtholly usó esa pena como catalizador para volverse increíblemente fuerte.”

“Así que le mundo sigue girando como siempre lo ha hecho, ¿huh?” Dijo Ithea, luego se acostó en el suelo. “Nopht y Rhantolk salen del hospital mañana, ¿verdad? ¿Vamos a hacer una fiesta de bienvenida?”

“Así es. Es desafortunado que algunos de ellos no lograran volver a casa, pero tenemos que darles una bienvenida apropiada a las que lo lograron.”

“Que madura…” Ithea agitó sus piernas y miró al cielo. “Supongo que pronto tendré que aprender a ser así, ¿huh?” Ella murmuró mientras sus ojos comenzaban a brillar.


“No puedo aceptar esto,” gruñó Nopht mientras se sentaba encima de una cama con sábanas blancas.

Después de sobrevivir a la batalla, Nopht y Rhantolk habían sido llevadas por los miembros de la tripulación de la aeronave a una instalación de tratamiento en otra isla flotante. Ambas habían sufrido de baja vitalidad como resultado de encender demasiado Venenum. Por unos pocos días, su condición había sido tan horrible que no hubiera sido sorprendente si hubieran muerto en cualquier momento. Solo recientemente comenzaron a recobrar el conocimiento.

“¿Qué se supone que significa eso? ‘Siempre he sido feliz’. ¿Creyó que iba a aceptar esa respuesta? ¿Entonces simplemente salta y todos viven felices para siempre? ¡No!”

“Nopht, haces demasiado ruido,” respondió fríamente Rhantolk mientras pasaba las páginas de un periódico local. “No puedes ver o entender la felicidad de otra persona. Intentar decidir lo que significa para alguien o negar su felicidad no es más que un egoísmo estúpido.”

Nopht se retorció de frustración.

“… pero aun así…” La felicidad a menudo viene de ese estúpido egoísmo, pensó Rhantolk.

A Rhantolk realmente nunca le agradó Chtholly. Sin embargo, ella tampoco la odiaba particularmente. Así que si ella realmente fue tan feliz como dijo ser en sus momentos finales, entonces tal vez eso realmente fue un final feliz.

Arriba, el sol de invierno finalmente se ocultó en el horizonte. Como tomando el lugar del ahora ausente cielo azul, las estrellas comenzaron con su suave parpadeo.


Aromas familiares: pan recién horneado relleno con nueces, huevos revueltos, ensalada crujiente, jugo de naranja recién exprimido. Los aromas del comienzo de un nuevo día que su cuerpo conocía tan bien.

“Nngh…”

Willem se agitó ligeramente.

“Ah, ¿finalmente despertaste?”

Él escuchó el suave sonido de un par de pantuflas caminando por el suelo. De forma similar a los aromas, esas pisadas también eran muy familiares y bien conocidas para su cuerpo. Las pisadas de siempre.

Willem abrió los ojos. Vio el cielo raso de yeso desteñido. “Dónde–”

Se veía muy similar a un cierto lugar nostálgico. Se parecía mucho al hogar al que una vez anheló regresar. Sentimientos de alegría comenzaron lentamente a brotar desde el fondo de su corazón. Pero algo más dentro de su corazón negaba fuertemente esos sentimientos. No podía ser real. No era posible.

“Almaria.”

“¿Hm?”

Willem dijo un nombre, y recibió una respuesta. Una gruesa manta de niebla aún cubría su mente.

“¿Estaba durmiendo?”

“No te veías muy bien. ¿Tuviste un sueño aterrador o algo?”

Por todo el edificio, pequeñas presencias comenzaron a agitarse. Los aromas de la mañana afectaban a todos en el orfanato de igual forma. Pronto, todos los niños emergerían de sus habitaciones y se reunirían abajo.

¿Estaba soñando?

Si eso fuera verdad, era un sueño bastante realista. Dentro de ese sueño, él había estado al borde de la muerte muchas veces. Había perdido mucho, ganado más, y entonces perdido de nuevo. Había lamentado tanto que se había quedado sin lágrimas. Y se había regocijado tanto que se había quedado sin sonrisas.

Pero un sueño, sin importar cuan brillante, al final es solo un sueño. Eventualmente, debía terminar, solo para desvanecerse con la luz de la mañana. Tal vez los recuerdos de Willem de su sueño, tan preciosos como eran, pronto se hundirían en algún profundo lugar dentro de su mente para nunca volver a ser recordados.

¿No es eso algo bueno? Una voz dentro de él parecía susurrarle. Olvídalo todo.

“… no puedo hacer eso.” Aún sin haber despertado por completo, Willem alejó esos pensamientos. Ahora mismo, él tenía que lavar su rostro y despejar la niebla de su mente.

Mientras se levantaba del sofá, una pequeña chica rodó de su estómago.

“Ow…” Una joven de cabello gris se sentó en el suelo. Frotando sus ojos, ella miró alrededor. “¿Huh? ¿Dónde estoy? ¿Por qué… estoy aquí?”

Willem reconoció a esa chica. Él la recordaba. Nephren Ruq Insania, una Leprachaun. Una residente del almacén de hadas. Una de las guardianas de Regul Aire.

“… ah.”

La tapa de la caja había sido levantada. Una vez que recordó una cosa, todo lo demás lo inundó. Incontables imágenes y nombres corrieron por su cabeza.

“¿Nephren…?” Dijo Willem, intentando pelear contra la profunda confusión que lo invadía.

Ella no estaba ahí, hace quinientos años en la superficie. Ella ni siquiera había nacido en ese entonces.

Si Willem hubiera estado un poco más calmado, probablemente lo hubiera notado de inmediato. Junto a su pecho, un pequeño fragmento metálico brillaba tenuemente.

Era el Talismán de lenguaje que al final Willem nunca devolvió a Grick, un antiguo tesoro que se dice transmite la voluntad misma usando el lenguaje como intermediario. Una vez activado, el usuario ya no tiene que suministrar Venenum. Traduce todos los mensajes que recibe, sin importar si el usuario quiere escucharlo o no. El pequeño y conveniente dispositivo que había ayudado mucho a Willem cuando despertó por primera vez en Regul Aire, antes de aprender el lenguaje común, estaba comenzando a hacer su trabajo una vez más.

Willem, siendo un guerrero experimentado, debería haber reconocido inmediatamente lo que la brillante luz significaba. Lo que era la verdadera naturaleza de este mundo. Podría haber visto a través de todo de inmediato, pero…

“Nnn… ¿huh…?”

“¿Padre? ¿Qué pasa? ¿Padre?”

La voz confundida de Nephren. Las pisadas de Almaria. Willem no podía oír nada de eso. Él no podía ver nada. No podía pensar en nada. Sus sentidos parecieron dejar de funcionar, dejándolo en su propio pequeño mundo de blanco puro. Todo lo que podía sentir era la calidez de las lágrimas que corrían por sus mejillas.


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