SukaSuka – Volumen 4 – Capitulo 4 – Parte 3

Parte 3: Para quién

Almaria se enfermó.

“… Tengo que preparar la cena.”
“Vuelve a la cama.”

La chica se levantó e intentó comenzar a hacer sus quehaceres, pero Willem la empujó de vuelta a la cama.

“Nanette está en la cocina ahora mismo ocupándose de la cena.”
“Me preocupa que lo haga sola.”
“Ella siempre está ayudándote con tu trabajo, ¿verdad? Estará bien. Ren está con ella, así que no es necesario preocuparse por el fuego u objetos cortantes.”

Él, por supuesto, no podía decir Estoy más preocupado por el sabor, así que no dijo nada.

“Pero-“
“A veces tienes que descansar. Para empezar, tu cuerpo no es muy resistente, ¿recuerdas?”
“Sí… lo sé.”

La verdad no parecía estar de acuerdo con ese hecho, pero Almaria se tragó lo que iba a decir y obedientemente apoyó la cabeza en la almohada.

“Esto me trae recuerdos.”
“¿De qué?”
“De cuando estuve enferma y te quedaste a mi lado.”
“¿Si?”

Él recorrió sus recuerdos. No recordaba haber hecho esto recientemente.

“Hey, ¿podrías malcriarme de vez en cuando?”
“¿Hmm?”
“Si te vuelvo a decir que no te vayas, ¿sostendrás mi mano?”

Eso es inusual, pensó Willem.
Almaria generalmente era de corazón fuerte. Ella nunca se quejaba, nunca mostraba su sufrimiento, y nunca revelaba a otros cuando estaba deprimida. Así que el que ella dijera algo como eso lo tomó por sorpresa.

“¿Quieres que lo haga?”
“Sí. Simplemente se siente como que debería ahora.”

La mano de Almaria se movió, apareciendo desde abajo de la manta.
Él suspiró ligeramente y tomó esa mano.

“No podemos mostrar esto a los otros niños.”
“Ah-ah-ha-ha, Falco probablemente empezaría a copiarte enseguida.”
“Cielos… Enserio me gustaría saber si solo está actuando o simplemente quiere atención.”
“Él está trabajando duro a su manera, ¿sabes? Siempre que no estás, él grita, ¡Yo también voy a ser un Brave! y hace su mejor esfuerzo.”
“Ya veo.”

Los Braves de las historias llevaban a cabo acciones brillantes en un campo de batalla embellecido. Derrotaban al fuerte y malvado enemigo y acababan comprometidos con hermosas princesas. Cualquier niño- no, incluso las niñas soñaban con esa forma de vida.
Y él pensaba que esos sueños eran importantes.
Porque él creía que esos sueños deberían ser solo eso (sueños), y nunca entrar en la realidad. El propio Willem no fue la excepción cuando todavía era un niño inocente. Había soñado con ser un Brave desde temprana edad y elegido ese camino. Entonces, fue solo después de que hizo sus sueños realidad que se dio cuenta- no era exactamente lo mismo.

“¿Tienes miedo de dormir?”

Una sonrisa amarga. Sus manos temblaban ligeramente.

“Cuando pienso en que tal vez no vuelva a despertar, por supuesto.”

Los rumores de los sueños grises lentamente se habían esparcido desde que los escuchó por primera vez.
Aquellos que los experimentaban repetidamente eventualmente quedaban atrapados en el mundo del sueño y nunca volvían a despertar. Ese innecesario giro eventualmente se había agregado al rumor.

“Pero es una situación de perder o perder si eso te mantiene despierta, solo hará que enfermes más.”
“Es verdad. Las cosas nunca salen como quieres.”
“Estás enloqueciendo porque lo piensas demasiado. Olvídate de eso y descansa un poco.”
“De acueeerdo.”

Ella rió tranquilamente.

“¿Padre?”
“¿Qué?”
“Cada día desde que regresaste a casa ha sido tan divertido.”
“¿Si?”
“La pequeña Nephren también es una lindura. Es una buena niña.”
“Sí.”
“No podemos quedarnos así para siempre, ¿verdad?”

… Por supuesto que no podían.
No podían quedarse en este mundo para siempre. Tenían que escapar de alguna forma, antes de que fueran asesinados por las Bestias que iban a aparecer.
Y cuando eso pasara, no tendrían otra opción que dejar a toda la gente que vivía aquí atrás.
Almaria. Ted. Luzie. Falco. Nanette. Wentel, Maurice, Mineh, Detrov, Horace…
Todos los que eran cercanos a él- y los que no.
Él los iba a abandonar a todos.

“Bueno, pronto tendré que irme lejos.”

Él apretó ligeramente la mano de Almaria.

“Pero volveré. Lo prometo.”

Eso era mentira.

“Y la próxima vez, traeré a mis otros Braves junior. Creo que te llevarás muy bien con algunos de ellos.”

Eso también era mentira.

“No te preocupes. Nunca he roto mis promesas, ¿verdad?”

No hacía falta decirlo- era una mentira tan audaz y grande que casi lo hacía reír.
Él nunca volvió a casa luego de partir a la batalla con los Visitantes.
Tal vez, en este mundo, esa historia había sido sobrescrita y borrada. Y aún así, Willem lo recordaba- él fue incapaz de mantener su promesa.

“… Sí, tienes razón.”

Como una santa absolviendo a un criminal de sus pecados, Almaria sonrió amablemente.

“Entonces, no compliques tu cabeza con cosas raras. Descansa un poco.”
“De acuerdo.”

Esta vez, Almaria asintió con seriedad y cerró los ojos.
Él lentamente soltó la mano que sostenía con la suya.

“¿Padre?”
“¿Qué?”
“Hasta mañana.”
“… Sí, buenas noches.”

Él salió de la habitación y cerró la puerta.


En un inesperado giro de los acontecimientos, un delicioso aroma escapó de la cocina.
Una sopa de aspecto delicioso hervía en la olla.

“Decidí hacer algo simple,” dijo repentinamente Nanette. Ella estaba parada en un banquillo para gente baja. Está bien, eres increíblemente confiable. El le acarició la cabeza.
Entonces Nephren, que estaba cortando habilidosamente trozos de cordero, se dio la vuelta.

“¿Cómo está ella?”
“No se veía tan mal, pero la llevé a la cama por si acaso.”
“… ¿Estás preocupado?”
“Por supuesto.”
“¿Aunque esto solo sea un sueño?”
“Aunque sea solo un sueño,” respondió de inmediato.
“De acuerdo.” Nephren volvió a concentrase en el cordero. “Creo que eso también está bien. No es propio de ti buscar razones para no ayudarla. Pero…”
“… ¿Pero qué?”
“Perdón si hice que te preocuparas.”
“Idiota.”

Él rió con desdén, agitó su mano ligeramente, y volvió a salir de la cocina.

“¿Pelea de enamorados?” él escuchó que Nanette le preguntaba. ¿Quién demonios le enseñó eso?
“Cuando esté lista, ve a llevarle un poco a Al. Probablemente tiene hambre.”
“¡De acueeerdo!”

Su tono era infantil y con energía.

Incluso cuando la sopa estuvo lista, Almaria no despertó.
Ella parecía estar durmiendo bien, así que la dejaron dormir.

Llegó la mañana.
Incluso cuando llegó la hora del desayuno, Almaria no despertó.

Aunque la llamaran.
Aunque la sacudieran.
Aunque palmearan sus mejillas.
Aunque dijeran su nombre.
Ella nunca volvió a abrir los ojos.


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